Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure nos anima a imaginar un futuro para las aventuras gráficas

Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure nos anima a imaginar un futuro para las aventuras gráficas

En 2017 mi entusiasmo con Thimbleweed Park no venía de la nostalgia sino de las expectativas para el futuro y no se relacionaba tanto con el pasado sino con lo que yo creía que, por justicia, aún tenía estaba por llegar. Tres años antes, Broken Age —el esperado regreso de Tim Schafer al género del point and click— me había decepcionado, no por la calidad del juego, sino por su escasa relevancia final. Por aquel entonces yo aún esperaba un cambio de paradigma, la entrada en una nueva fase que llevase el videojuego comercial a como era a finales de los 80. Y, de cierta forma, lo de «volver al pasado» parecía lo más lógico en un momento en el que las tiendas de ropa se llenaban de colores neón y las superproducciones cinematográficos se inspiraban en las franquicias con las que crecieron los millennials mayores. Pero ni Schafer ni Gilbert pudieron conseguirlo. Ninguno de ellos revitalizó la aventura gráfica. Siete meses después del lanzamiento de Thimbleweed Park llegaba a Steam PlayerUnknown’s Battleground y, en mi mente, el destino de los point and click se encontraba de nuevo sellado.

Por extraño que parezca, dado que es un producto pensado para monetizar la nostalgia, una de las críticas más comunes a Thimbleweed Park es su obsesión por remitirnos al pasado; su interés por mantener la aventura gráfica idéntica a nuestro estanco recuerdo infantil. Para el equipo de Terrible Toybox no son suficientes la ambientación ochentera y los numerosos referentes y chistes sobre los juegos de la época que necesitan desarrollar su juego a través de una interfaz que funciona como un delorean a los tiempos en los que el game design no estaba tan desarrollado. Y aunque los puzles son bastante más lógicos y accesibles que los que encontrábamos en Maniac Mansion o Monkey Island, las interacciones a través de verbos no podía sentirse más desfasada. Mirando atrás no me extraña que ni Broken Age ni Thimbleweed Park —más allá de ser juegos estupendos— no iniciaran la revolución que esperaba. La aventura gráfica no necesita ser homenajeada sino dinamitada. Reducida a escombros y, de nuevo, levantada, dejando atrás todos aquellos tics que hicieron que pasara de moda. Ron Gilbert parece haberse dado cuenta de esto. Y en Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure quiere hacernos una propuesta muy seria.

El motivo por el que Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure no se define abiertamente como una secuela pese a que, sin duda, necesitamos haber jugado al primer título para entender el contexto y conseguir avanzar, es que esta pequeña experiencia quiere ser la presentación del nuevo motor de desarrollo para aventuras gráficas que Ron Gilbert se ha encargado de desarrollar. Eso no significa que la mini aventura no sea disfrutable o que no no haga divertido el regresar por unas cuantas horas al extraño universo de Thimbleweed Park. Simplemente, y tal y como se nos avisa antes de iniciar una partida, el juego no está lo suficientemente pulido para ser un producto comercial y los bugs o bloqueos que podamos encontrar jugando no van a ser arreglados próximamente por el equipo de desarrollo. Delores reutiliza los personajes, escenarios y animaciones de Thimbleweed Park para funcionar perfectamente bien como DLC, ahondando en su carácter meta y proponiendo un misterio que, esta vez sí, no necesita de un cadáver para articular la acción.

Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure nos anima a imaginar un futuro para las aventuras gráficas

Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure empieza, sin medias tintas, con la propia Delores contándonos que ha aceptado un trabajo como fotógrafa en el periódico local. Su carrera como diseñadora de aventuras clásicas y murder mysteries sigue yendo viento en popa pero, dado el poco dinero que genera el desarrollo, la joven ha decidido aprovechar sus vacaciones y el regreso al pueblo de su infancia para ganar un sueldo extra. No obstante, y desde el primer momento, es fácil entender que este no es el Thimbleweed Park que todos conocíamos: Ransom, el payaso malhablado y único residente de un circo decadente, tiene ahora un show semanal del que todos los vecinos hablan, el único restaurante del pueblo, que antes solo servía carne caducada (¡ideal para vomitar!), ahora es un establecimiento multipremiado que solo prepara comida de la mejor calidad mientas que, por su parte, la fábrica de almohadas nunca ha quebrado y fabricación de ositos de peluche ha revitalizado el tejido empresarial. Nuestro trabajo como fotógrafa nos llevará a hablar con todos los vecinos y a observar con atención todas las calles del pueblo en busca de la instantánea perfecta. Sin embargo, el propio formato del juego (de la experiencia, si lo preferimos así) nos llevará a ahondar en la extraña situación en la que encontramos Thimbleweed Park.

Como el juego de 2017, en esta aventura la metaficción también tiene una enorme presencia y, como ya pasaba entonces, su influencia comienza a dejarse ver a partir de la propia jugabilidad. Cuando empezamos una partida nuestra lista de tareas solo tiene cinco descripciones sobre cómo deben ser las fotos que tenemos que entregar. Usando una cámara equipada con un carrete de 10 fotos (por si nos equivocamos) deberemos deducir la mejor manera de representar lo que nos pide. Una vez terminado el trabajo y entregado en la redacción, el juego se cerrará sin ningún tipo de contemplaciones después de informarnos de que «si queremos nuevos encargos tendremos que volver a jugar». Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure nos invita a buscar más de 30 fotografías durante diferentes runs del juego, cada una de las cuales presenta sus propias particularidades. Entre el primer encargo y el segundo se abrirán nuevos escenarios que podremos explorar; entre el segundo y el tercero, diferentes personajes irán apareciendo hasta que, a través del último puzle, podamos completar la historia. Este sistema —que se siente bastante similar al de los roguelike— ayuda a dar un empaque extranarrativo bastante efectivo a lo que sobre el papel no es más que una acumulación de chistes (buenísimos) y puzles (mejores). Pero esta vuelta a Thimbleweed Park quiere hacer algo más que entretenernos. Entre foto y foto, Delores nos da alguna pista de cómo podrían ser las nuevas aventuras gráficas.

Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure nos anima a imaginar un futuro para las aventuras gráficas

En Thimbleweed Park, la interfaz que el juego ponía a nuestra disposición para relacionarnos con los diferentes elementos nos obligaba a interaccionar mediante una serie de verbos que, no solo buscaban remitirnos a las primeras aventuras gráficas, sino que querían relacionar estas con sus orígenes en las aventuras textuales. El uso de verbos, aunque sencillos y muy limitados, no hacían el juego más complejo ni añadían ningún tipo de capa al sistema de resolución de puzles, al contrario, opacaban el «momento eureka», obligándonos en varias ocasiones al probar verbos al azar hasta que uno hiciera click con el objeto que habíamos identificado como clave. En el nuevo motor presentado por Gilbert y su equipo, la interfaz es mucho más limpia; con solo el menú de objetos ocupando la parte baja de la pantalla, y las acciones se realizan de forma bastante más intuitiva gracias a la posibilidad de superponer objetos del inventario sobre los personajes para entregarselos o utilizar el botón derecho del ratón para ver las diferentes opciones a realizar con cada uno de los objetos. Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure se siente bastante más moderno que su predecesor y resulta especialmente satisfactorio gracias a lo fluido de las diferentes interacciones.

En 2020 aún no tenemos confirmación oficial sobre si Thimbleweed Park 2 será una realidad. Double Fine sigue haciendo juegos, pero su última propuesta RAD dejaba claro que pretenden alejarse del camino que Broken Age nunca llegó a iniciar. Hubo una época en la que las aventuras gráficas eran los juegos importantes; los títulos que aparecían en todas las portadas. En este momento es muy dificil saber si algún día el género volverá a ser lo que era pero sí que resulta interesante ver la manera en la que sus referentes creen que puede reinventarse. Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure es una experiencia fresca cuyo principal defecto es que no todo el mundo la puede disfrutar. Un pequeño recordatorio de que, quizás ahora que estamos cambiando las reglas, las aventuras gráficas podrían ser parte de la nueva normalidad.