Análisis de If Found…

¿Alguna vez habéis querido desaparecer?

Supongo que sí, porque todos hemos sido adolescentes, y hemos sufrido de esa tan clásica angustia vital que corresponde a esos años en los que tu edad empieza con un «uno» y tus preocupaciones son, si eres afortunado, poco más que el vaivén de las relaciones sociales y alguna nota fea en matemáticas. Quien más, quien menos, ha tenido una de esas noches tontas en las que todo lo que nos apetece es hacernos una bolita dentro de la cama y escuchar My Chemical Romance, o lo que sea que escuchen los jóvenes de hoy en día en los momentos en los que quieren autocompadecerse de su propia existencia. Es más complicado, sin embargo, cuando uno es adulto y le asalta esa sensación. Cuando fallan las fuerzas, cuando nos supera la ansiedad, cuando sentimos que no tenemos más ganas de continuar.

No es más complicado porque esa falta de ánimos sea una emoción puramente infantil – que no lo es, en absoluto – sino porque cuando ya hemos crecido nuestras preocupaciones tienden a ser más grandes, más acuciantes; y también, porque somos más conscientes de la huella que dejamos a nuestro alrededor. Supongo que es muy complicado llegar a cierta edad sin ver de forma razonablemente clara el impacto que nuestra presencia – o nuestra ausencia, para ser más concretos – dejaría en nuestro entorno. Es algo común, entiendo, para la mayoría que incluso en los momentos más oscuros, la necesidad de no herir a los nuestros, de seguir compartiendo momentos con ellos, de cuidar y amar a quienes nos rodean es lo que nos saca adelante cuando parece que está todo perdido.

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