Entrevista con los creadores de Summer in Mara

En un momento concreto de Summer in Mara, un personaje te pide que le prepares una ración de su plato favorito: paella. Ante la pregunta de qué ingredientes lleva, Koa – la protagonista – lo tiene claro: arroz… y muchas más cosas. Al final, acabamos cocinando una especie de engendro culinario que lleva, entre otros, pedazos de piña. El chiste es divertido, pero quizás más aún si pensamos que Chibig, el estudio creador del juego, tiene su sede en Valencia. Su primer juego, Deiland – un RPG de gestión con hincapié en la narrativa – fue apoyado por la iniciativa PlayStation Talents, y creado en su Games Camp Valencia. El desarrollo a PC se terminó de financiar mediante un Kickstarter que recaudó alrededor de 30.000 dólares.

Summer in Mara siguió un camino algo similar, aunque sin tener a Sony detrás en esta ocasión. El juego parte de una premisa sencilla: interpretamos a una niña que vive en una isla junto con su abuela, y nos encargamos de las tareas diarias. Cultivamos la tierra, esparcimos semillas, talamos árboles y cuidamos a los animales. A nuestras dinámicas típicas de simulador de agricultura se une, un poco más tarde, la posibilidad de explorar, barco mediante, toda la extensión del archipiélago en el que vive nuestra protagonista. Y a partir de ahí, se desarrolla una historia compleja e intrincada con variadísimos personajes y unas connotaciones mucho más profundas de lo que podría parecer a priori. Su Kickstarter, publicado el día 5 de febrero de 2019, consiguió 233.919 euros, aportados por casi 10.000 backers interesados. Un 900% más de lo que pedían, originalmente, para completar el proyecto.

Evidentemente, no hay una receta mágica cosechar este éxito. Pero es particularmente notable que un título de un género, a priori, tan específico como los simuladores sociales y de agricultura, haya conseguido llegar a tantísima gente. Intentar entender qué es lo que llama tantísimo la atención de esta historia era una de las preguntas más evidentes cuando hablamos con Diego Freire, responsable de comunicación y escritor de Summer In Mara, y Abraham Cózar, director de Chibig y responsable de la producción del proyecto. Son dos de los cuatro miembros, en total, que componen el estudio.

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